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29 octubre, 2010 / ramirezkaren

Pensar, razonar, actuar, en ese orden

«Basta pensar bien para actuar bien» -Rene Descartes

Basándose en este principio filosófico, se puede decir que todas las personas somos capaces de regular las expresiones emotivas y tener absoluto control de nuestras emociones. Si lográramos dejar de lado todos estos actos impulsivos claramente el resultado seria un comportamiento robot, pero si lográramos medir mediante el razonamiento la causa y consecuencia de cada muestra de emoción, probablemente se lograría un equilibrio bastante deseable.

Los sentimientos en sí, no existen, son más que nada una excusa que la gente suele inventar para actuar impulsivamente o de manera egoísta o violenta y poder echarle la culpa a “sus sentimientos”. A pesar de que no existen,  la sociedad los ha sobrevalorado de manera que al parecer ahora tienen que existir. Lo cierto es que muchas veces se actúa de determinada forma sin razonar y siguiendo el patrón cultural. Es decir ya tenemos una especie de esquema mental de cómo debemos reaccionar a “los estímulos”, por así decirles. Esto inclusive brinda  autorización a la violencia o la depresión, conductas que aunque la sociedad no lo acepte, son completamente evitables.

Este tipo de conducta, además de tener tendencias egoístas y poco objetivas, son lo más contrario a el concepto de “expresar los sentimientos”. Muchas veces acciones como reír, llorar, gritar, etc. Son acciones que se hacen sin razonar del todo (o talvez por razonar en exceso) y que inclusive llevan a actitudes extremas sin fundamento y que causan verdaderas tragedias, sin mencionar repercusiones negativas en la salud, todo por cumplir un estereotipo de comportamiento.

Según los expertos una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

Es decir que a partir de aquí podemos analizar las ventajas que se obtendrían si aprendiéramos a dominar un poco el subconsciente y controlar lo que creemos llamar sentimientos y no que ellos nos controlen a nosotros.

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